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14 de julio de 2014

Cereal

Sé que hice las cosas mal,  
sé que no estuve cuando debía estar
y estuve cuando no me querías cerca,  
sé que lo hice todo mal 
o casi todo.

Voy a escribirle un poema 
a tus tres últimos mails 
y despues quiero borrarlo 
con un rotulador negro 
mientras pienso en qué voy a cenar 
y bajo la Playboy de Rumania  
porque en la de México salen puras chicas Televisa.


Luego voy a cenar un plato de cereal
mientras la revista se abre en el monitor 
y me pregunto
qué talla de zapatos será la chica rumana
y cuál será el largo de su tacón
y qué dice la entrevista en rumano
y qué carajos hago yo cenando cereal
y cómo llegué hasta este punto
y cuánto le pagaran por posar a gatas sobre un sillón rojo
y si calzará más o menos un tres y medio
y luego me pregunto dónde estarás. 

16 de diciembre de 2013

Buenos días

Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien? Perdona que no traiga el desayuno, tengo un poco de prisa. Pero me arreglé el cabello como te gusta: Suelto y sin hacerle nada. También me puse la falda que te encanta. 

Tu deberías ponerte esa playera negra y tus pantalones rotos, sabes cuánto me gusta verte así. Y antes de eso, ¿porqué no pones este disco? Tienes mucho tiempo sin oirlo, estoy segura. 

Cuando estés listo podemos ir a desayunar a donde siempre: Café y pan, aunque sé que tu prefieres algo más sustancioso. Estoy segura de que luego querrás ir a caminar y a tomar fotos. Hablando de fotos, ¿donde están las fotos de nosotros, las que tenías en el buró? 

Bueno, no importa. Recuerda que realmente yo no estoy aquí, tu mente está imaginándolo todo. Me iré pronto. 

Sólo venía a recordarte que no importa cuanto intentes, jamás me vas a olvidar.

28 de octubre de 2013

Día Tres

Sigues tan viva
en lo que escribo
como en las cosas
que adoro.
Sólo quiero
que me escribas
de vez en cuando
también.

Quizás una carta
indiferente,
quizás unos versos 
de desprecio.
Escríbeme 
cualquier cosa,
dame una señal
de vida.

No te vayas,
no quise volverme
herida.
Pero si al final
te vas,
no vayas
a olvidarme.
Es la muerte
el olvido: me muero.
Hay quien dice 
que la vida son dos días,
y yo voy ya por el tercero.

21 de octubre de 2013

Día dos

El segundo día es más llevadero
si no cargo tus recuerdos en mi espalda.
Si no cae agua helada del cielo.
Si el hogar donde vivimos 
ya no existe.

La tristeza se va,
se desvanece,
ligera.
Se acentúa la ausencia,
la espera, 
cae la helada:
No se ha ido, la tristeza.

Todavía 
es el segundo día:
te extraño,
vuelve,
resuelve
mi vida.
Quizá no
tenías que haberte ido,
quizá sólo me invade 
la tristeza.
Talvez me faltan
tus faldas y tu risa.
Quizás cargo
- todavía -
tus recuerdos en mi espalda.

14 de octubre de 2013

Día uno.

Regálame un perfume
de flores muertas.
Regálame fotos nuestras
donde yo ya no esté.
Regálame una llamada,
desviada.
Dime a donde te fuiste,
porque yo no lo sé.

Regálame un suéter,
imprégnalo así ,
yo te haré canciones
que no hablen
de tí,

regálame el pasto
donde vimos el cielo,
regálame azul 
y verde en tus desvelos,
regálame un árbol 
y su sombra también,
dime a donde te fuiste,
que yo no lo sé.

15 de julio de 2013

Piña.

De postre doña Juana me da un dulce de piña y me preocupo por no probarlo demasiado, no vaya a ser. Trivialidades, me preocupo por puras pinches trivialidades, así como antes sólo debía preocuparme por trivialidades, como si esta tarde o aquella ibas a ir al jazz y así saber si iba a imaginarte con ese outfit al cerrar los ojos, cosas como esperar a que salieras del jazz o te saltaras una clase en la pendeja escuela esa del politécnico a la que ibas y entonces marcarte y quedarnos hablando por horas, quizás tres o cuatro en intervalos de cinco minutos, sólo para tratar de averiguar que era lo que me tenía así contigo porque no eran los ojos verdes, ni tu risa sardónica, ni las tardes que pasábamos yendo de un lado a otro, quizá ni siquiera fueran los besos a la mitad del zócalo en las noches frías, ni los largos abrazos que los precedían, no, era otra cosa, talvez algo de lo que decías al otro lado del teléfono, quizás algo en tu manera de revelarme algún secreto, quizás lo que te callabas, quizás cuando me abrazabas y ya querías ponerte cursi pero tenías que conservar el status quo, quizás esas ganas de matarnos a besos cuando el frío calaba hasta los huesos y el zócalo estaba inundado y nosotros sufriendo por la ausencia de palomas y de besos y caricias en el rostro, quizás porque tu boca sabía a piña, quizás por los semáforos en verde, quizás por el metro y las piedras verdes de la facultad de ciencias, quizá por todo lo que pasó entre nosotros cuando éramos ninis y felices, todo cuanto pasó antes de ese puto Diciembre que vino a joderlo todo, o no sé, quizás si era por los besos a medio zócalo.

Diciembre 2010